EL PRÍNCIPE FELIPE: HA NACIDO UNA ESTRELLA

Desde hace un tiempo la situación y valoración de la Monarquía en España ha cambiado considerablemente. Ha pasado de gozar de una gran popularidad y apoyo mediático y político a una situación donde parece tambalearse de manera continuada y donde el Rey, hasta hace muy poco impermeable a las sombras que se arremolinaban en torno a su Casa, es atacado y cuestionado de manera furibunda.

Esta nueva situación se debe a varios factores donde los problema derivados de los yernos del Rey (muy especialmente Iñaki Urdangarin), de la propia actitud del monarca y del debilitamiento de la “autocensura” mediática en el tratamiento de la información sobre La Casa Real; se ha unido a una coyuntura social de cuestionamiento del sistema político-económico y de sus instituciones, que la crisis no ha hecho más que exacerbar.

El proceso de pérdida de adhesiones a la monarquía ha sido paulatino y basta con echar una rápida mirada a los datos ofrecidos por el CIS para contrastarlo, sin que los últimos acontecimientos nos impidan tener una visión de conjunto. Desde hace varios años, antes de que la crisis contaminara todas las opiniones o de que la Familia Real abriera los periódicos, los apoyos a la monarquía iban descendiendo, especialmente en las cohortes que nacieron en democracia y que no vivieron el 23F.

Evolución de la valoración de la Monarquía

Pero la coyuntura y el cambio en el marco en el que debe operar la monarquía, obligan a la Casa Real y a sus partidarios a buscar soluciones. Fracasadas las estrategias tradicionales de legitimación entorno al Rey, lo que Weber denomina rutinización del carisma (2009), para algunos parece evidente la necesidad del cambio de protagonista. Como ejemplo del fracaso basta fijarse en los exiguos (y en algunos aspectos contraproducentes) resultados de la cobertura mediática, y del propio acto en sí mismo, del aplauso de más de dos minutos en la apertura de la X Legislatura que le brindaron al Rey los diputados y los senadores puestos en pie a la entrada del monarca en la sede de la soberanía nacional.

Aplauso de más de dos minutos en la apertura de la X Legislatura

Aplauso de más de dos minutos en la apertura de la X Legislatura

Desde hace algo menos de un año, y aprovechando las convalecencias del Rey, la presencia pública y mediática de Felipe de Borbón se ha incrementado sustancialmente, lo que facilita que sigan desarrollando y reproduciendo su historia (Salmon, 2010). La imagen de Felipe de Borbón ha pasado por varias fases. Destaca la del “yerno perfecto”, cercano y próximo, que nos enseñaba cómo era la fauna y la flora del País y sus preocupaciones medioambientales en el programa La España Salvaje. Este relato, bien construido para un futuro heredero, funcionaba adecuadamente estando todavía muy lejos las responsabilidades del cargo y esquivaba la sombra de un rey que “había traído la democracia”. Pero esta imagen se comenzó a deteriorar por una prolongada “soltería”, que dio paso a una serie de relaciones que la Casa Real y su entorno consideraban “poco adecuadas”, siendo la de mayor trascendencia, por su repercusión pública y pretensiones, la de la modelo Eva Sannum. A partir de ahí se produce un punto de inflexión y el relato y la imagen que se desprende del mismo es sustancialmente distinta.

El príncipe Felipe y la modelo Eva Sannum

El príncipe Felipe y la modelo Eva Sannum

Para Salmon, la clave de la comunicación persuasiva (Salmon lo denomina propaganda) está en contar una buena historia, que apele a la parte emocional de las personas. Es en la creación de este cuento, o mejor dicho, en la creación del héroe de este cuento donde se encuentra Felipe de Borbón. En la construcción narrativa, todo héroe debe pasar por tres pruebas: calificante, decisiva y glorificante (Propp, 2001). Basta pensar en cualquier héroe o mito, de la literatura o del cine, para encontrar este proceso, por el que también paso el propio Rey.

En el relato del Rey, lleno de referencias emotivas (como criarse alejado de su familia), encontramos la prueba calificante cuando debe demostrar su valía convenciendo al mundo de que él es distinto a Franco. El recién nombrado Rey supera este reto en el primer viaje oficial que realiza como Rey a Estado Unidos. La prueba decisiva sin lugar a dudas  es el retorno de la Democracia a España. Por último, la prueba glorificante  es la noche del 23F.

Siguiendo el esquema de Propp, Felipe de Borbón tiene su prueba calificante en el matrimonio con Leticia Ortiz. Felipe se alza victorioso, contra la tradición y lo “antiguo” en defensa del amor y la “igualdad”, igualdad al casarse con una plebeya. Es una tradición clásica de los cuentos, pese a que se prescinda del remoto y repentino pasado nobiliario que en los cuentos resultaba tener la plebeya y que desconocía.

Príncipe Felipe de Borbón y Leticia Ortiz

En la actualidad vive su prueba decisiva, salvar la monarquía parlamentaria y al país. Para lo que se le presenta como un estadista de capacitación fuera de duda, que actúa como apagafuegos “del anciano y cansado” Rey y guía ético para el resto de poderes públicos (partidos, jueces, etc.). A la par que se alza como adalid de la justicia, la pureza (frente a la corrupción que asola el país) y la verdad frente a unos pérfidos cuñados que se han aprovechado de sus hermanas, aunque ello supusiera que parte de su familia fuera condenada (esto solo hace más que glorificar e humanizar el sacrificio del héroe).

Es indudable que el clima político y los escándalos de corrupción, y no corrupción, que sobrevuelan la Casa Real son una seria amenaza para su continuidad, pero a la vez proporciona un contexto sobre el que Felipe de Borbón puede desarrollar y asentar su relato, situación de otra manera bastante más complicada, cuando debe emular a un Rey que “trajo la democracia y la salvó”. Se da la paradoja de que tanto los partidarios monárquicos como sus detractores coinciden en el relevo al frente de la misma, unos como manera de solucionar una crisis y los otros, como estrategia para abrir el debate de la propia existencia y necesidad de la misma.

Príncipe Felipe de Borbón

Si los medios de comunicación burocratizan las pasiones políticas para que no impidan la satisfacción de los intereses del Estado (García Tojar, 2010), el relato que sobre el Príncipe Felipe se está construyendo parece exitoso, a la luz de las numerosas encuestas que se han publicado que le confieren mayor valoración y apoyo que al actual Monarca.

BIBLIOGRAFÍA

  • Garcia Tojar, L. 2010: “11-M: El triunfo del neopopulismo”. Estudio/Working Paper2010/2. Revista On Line del Grupo de Trabajo “Walter Lippmann”. Departamento de Sociología VI. UCM
  • Propp, V. 2001: Morfología del cuento. Madrid: Akal
  • Salmon, C. 2010: Storytelling. Barcelona: Quinteto
  • Weber, M. 2009: El político y el científico. Madrid: Alianza
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3 pensamientos en “EL PRÍNCIPE FELIPE: HA NACIDO UNA ESTRELLA

  1. José Cantón

    Buen artículo. Pero la cuestión de fondo son los atributos artificiales predicados del Príncipe, posiblemente capaz de salvar la Corona. Pero no se trata de eso, sino de salvar a España como Estado, tanto con relación a las fuerzas centrífugas internas y actor internacional relevante. Y el Príncipe, desde luego, no tiene poderes taumatúrgicos para dar solucción a tal cúmulo de problemas, económicos y políticos. Más bien el Príncipe, la Corona, es un problema para que España -los españoles- puedan imaginar, deficir y crear su propio futuro; ya que los países, los Estados, se asientan en realidades operativas,tangibles y compartidas, y no en ficciones jurídicas o creaciones propagandísticas.

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    1. Juan Fco. Adame Autor de la entrada

      Gracias por tú comentario. Desde luego es un tema abierto, donde multitud de actores intervienen en defensa de intereses coincidentes en algunos casos y contrapuestos en otros. Hay que ver cómo evolucionan las circunstancias.

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    2. ben

      “Más bien el Príncipe, la Corona, es un problema para que España -los españoles- puedan imaginar, deficir y crear su propio futuro;”

      No es correcto afirmar esto, todo lo contrario, el potencial de la corona para representar, motivar, estimular y establecer el cambio en las directrices politicas del estado, es mayor al de cualquier otra institucion existente.

      De hecho, la corona (en su concepcion moderna como monarquia constitucional) encarna las aspiraciones de un pais que se encamina hacia el estado pleno de bienestar, es su Raison d’etre.

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