LA CONFIANZA CIUDADANA EN LAS INSTITUCIONES EUROPEAS: UNA TEORÍA SOBRE EL DOBLE DISCURSO NORTE-SUR

La severa crisis económica que nos azota pone en entredicho una vez más el papel de la Unión Europea. La actuación realizada por la institución durante el rescate a Chipre ha puesto de manifiesto, una vez más, la desconfianza de los ciudadanos de los países miembros; y si bien el fracaso de la Constitución Europea y la aprobación del Tratado de Lisboa de forma apresurada era más bien un problema más de estructura, éste en cambio ataca al fondo de la esencia europea: ¿queremos los europeos participar en esta experiencia común?

En este sentido, este artículo pretende responder a una pregunta fundamental: qué papel ha jugado la actual crisis con respecto a la confianza de los ciudadanos europeos hacia las instituciones comunitarias, si aprueban o rechazan la pertenencia a las mismas, e incluso observar si ésta ha disminuido o aumentado como efectos de las respuestas dadas por la Unión Europea a la coyuntura económica. Para ello, tomaremos como muestra el último eurobarómetro número 78, de otoño de 2012, que aún no recoge asuntos importantes como el rescate financiero a Chipre o el financiero a España, pero puede permitirnos observar interesantes conclusiones.

CONFIANZA E INSTITUCIONES COMUNITARIAS

En primer lugar, tomaremos como hipótesis que la confianza ciudadana en la Unión Europea se ha deteriorado a lo largo de estos años de dura crisis. Para poder comprobarla, partiremos de una de las preguntas típicas de los eurobarómetros como es la “imagen” que tienen los europeos de las instituciones comunitarias. Para ello, recurrimos al siguiente gráfico que tiene como objetivo observar los índices intersemestrales (media entre los 27 países miembros) de la imagen de la Unión Europea por los ciudadanos.

Gráfico 1

Como se puede observar, tradicionalmente la imagen de la unión europea tenía un saldo positivo, con grandes índices de confianza y respaldo por los ciudadanos europeos. A partir de 2008 (con el inicio de la crisis) es cuando la valoración positiva/muy positiva empieza a decaer lentamente; sin embargo, no será hasta mediados de 2009 y principios de 2010 (momento en cual se hace patente en el ciudadano la crisis, con su principal componente, los índices de desempleo) cuando la negativa y la muy negativa, empiece a crecer. Por ello, el balance entre ambas siempre se ha situado en valores normales (con más de treinta puntos de diferencia entre ambas) y sólo este último año, desde otoño de 2011, tras casi cuatro años de crisis económica, cuando el balance se acerca a cero. El otro gran movimiento de pensamiento acerca de la imagen de la Unión Europea es el aumento exponencial de la neutralidad por esta institución. Si bien en 2008 un cuarto de los europeos se mencionaban como neutrales, a finales de 2012 es casi de la mitad.

También es bastante llamativo, si analizamos los datos por países que se pueden consultar en el anexo de la página web facilitada en bibliografía (pregunta QA12 del eurobarómetro 78), que sean países como Grecia, Portugal, España y Chipre (junto con Reino Unido, por sus motivos antieuropeístas ya conocidos) donde la valoración positiva y muy positiva se encuentra en los niveles más bajos (18, 19, 22 y 25 puntos, respectivamente); también las tasas con mayores negativas se encuentran en estos cuatro países (49, 40, 35 y 44 puntos, respectivamente). En cambio, por el otro lado no se encuentran tasas muy superiores: Alemania, Finlandia, Holanda o Suecia (pese a tener balances positivos) tampoco tienen en una visión excesivamente positiva de estas instituciones.

Sin embargo, esta situación confronta con la confianza que poseen las estructuras supranacionales comparadas con las propias del país. Y a pesar de que la crisis económica mina la confianza en todas las instituciones, es llamativo que sean las de la Unión Europea las que se han erosionado menos, siendo todavía la opción más confiable entre los ciudadanos. En el siguiente gráfico, podemos observar dichos datos donde se compara el ratio de los que afirman la confianza en UE, los parlamentos y los gobiernos nacionales (media de las respuestas de los 27 países miembros). La confianza en la UE se mantiene casi hasta finales de 2010 (cuando la de parlamentos y gobiernos nacionales ya había caído en 2009).

Gráfico 2

Más llamativos parecen los datos si pormenorizamos país por país en el último estudio (preguntas QA11.6, QA11.7 y QA11.8 del Eurobarómetro 78), especialmente en los países con problemas o que han requerido rescates. Si nos detenemos en la confianza ofrecida por los Gobiernos nacionales, llama la atención que España sea el segundo con peores datos: sólo 11% los españoles le otorga seguridad frente a un 86%, que afirman que no. Tampoco nos quedamos tan lejos del primer lugar: los griegos sólo confían en su gobierno un 7% (frente a un 91% de negativas) o los portugueses sólo un 22% frente a 74%. Sólo los Ejecutivos de Suecia y Finlandia obtienen un balance positivo. En líneas similares están los parlamentos nacionales, donde nuevamente España posee la segunda menor confianza (9 puntos frente a 85), por detrás de Grecia (8% frente a 89 % de los que no) o Italia (11/82).

En cuanto a la confianza en la Unión Europea siguen siendo Grecia y España los dos países con menores índices entre los Estados miembros (18%/81% de los griegos, frente a 20%/72% de los españoles). Pero aun así, las cifras doblan la de los Parlamentos y los Gobiernos nacionales. Interesante también es que ningún país de los grandes posee un balance positivo en la Unión Europea (ni Alemania, ni Francia, ni menos Reino Unido), y sólo en pequeños países o de la Europa del Este donde podemos encontrar más ciudadanos que afirman tener confianza en  las instituciones comunitarios frente a los que no.

La estampa que nos ofrecen los anteriores gráficos es una cuestión plenamente paradigmática: la hipótesis de que la crisis económica deteriora la confianza de los europeos es consecuente, y no sólo ella, sino también la imagen que tienen los europeos de ella. Sin embargo, y aún con una imagen negativa en la mayoría de los países miembros, sus instituciones tienen mayores índices de popularidad que los gobiernos y los parlamentos nacionales. En ese sentido, parece que los ciudadanos achacan la responsabilidad de la situación económica a su respectiva clase política; sin embargo, a la Unión Europea sólo le imputan la imposibilidad de sacar soluciones claras adelante.

El doble discurso de la crisis

Según lo expuesto, parece clara la desafección de los ciudadanos por la construcción europea. Los datos demuestran esa falta de confianza en la escasez (o la ineficacia) de las soluciones aportadas por las instituciones europeas; en cambio, la responsabilidad se queda en casa. Para poder responder a esta pregunta, sólo debemos observar al siguiente estudio donde se pregunta a los ciudadanos de algunos países de la Unión Europea que aprueben o desaprueban a sus líderes nacionales (la encuesta está fechada a mediados de 2012, y todavía aparecen antiguos dirigentes como Sarkozy en Francia, y no Hollande; o Mario Monti, que aunque en funciones, sigue siendo el primer ministro en Italia).Gráfico 3

Los países de mayor desaprobación son, primero Grecia, y después España e Italia. En cambio, Alemania, la tasa de aprobación por la canciller es abrumadora. Si comparamos los datos de confianza, podemos observar que los alemanes (juntos con los suecos y los finlandeses) son los que mayor confianza tienen por su Ejecutivo… en cambio, los griegos, los españoles y los portugueses los que menor confianza tienen en su gobierno y, como podemos ver en este gráfico, también en sus líderes. Por ello, a mayor imputación de responsabilidad, menor confianza y también mayor desaprobación.

Y en ese sentido parece indicar que dicha responsabilidad depende de los temas que cada ciudadano pondere. Y aquí está la diferencia: el doble discurso sobre la crisis. Mientras un grupo de países como Alemania, Holanda o Austria tienen el tema del paro como tercer o cuarto problema nacional según los ciudadanos (sólo un 22% de los alemanes afirma que el paro es el principal problema del país), mientras que la deuda soberana o la inflación les son más relevantes; y otro grupo, donde la preocupación por el paro alcanza índices muy altos. De hecho, España es el país donde mayor preocupación hay sobre este problema (un 78%), seguido por los griegos y los portugueses, nuevamente.

Gráfico 4

Conclusiones

Como hemos pretendido demostrar, la confianza de la Unión Europea está en niveles bajos debido a la crisis económica. Cada vez más ciudadanos europeos no sienten apego por las instituciones comunitarias, y su imagen alcanza índices muy bajos. Es muy relevante que los ciudadanos le imputen rehuir de los problemas económicos y no aplicar soluciones eficaces y tempranas; lo contrario que a sus respectivos gobiernos, con los cuales comparte bajos niveles de confianza ciudadana. Sin embargo, obtenemos dos niveles: unos países que sienten especialmente desapego hacia las instituciones comunitarias y nacionales, donde el paro y la crisis económica se ha cebado (como son todos los países del Sur); y otros, donde los niveles de confianza han bajado pero se mantienen en índices positivos. Y sin duda, como posible solución a la incógnita, puede que esa imputación de responsabilidad a los gobiernos y no a la Unión Europea sea la agenda pública que tienen los europeos como principales preocupaciones

No creo que sea necesario entrar aquí sobre quién o quiénes han producido esa agenda pública, y si es creada por la clase política o los medios de comunicación (aunque a tenor por los hechos sucedidos, lo más probable es una inferencia de la agenda política, primero en la mediática, y posteriormente en la pública –y puede que incluso que en la personal de cada ciudadano). Sin embargo, lo relevante para nuestro caso, el estudio sobre la confianza en las instituciones, recae en la creación de ese doble discurso temático que determina la visión final de los ciudadanos en todas las instituciones, especialmente y también en las europeas.

Bibliografía

Eurobarómetro 78: http://ec.europa.eu/public_opinion/archives/eb/eb78/eb78_en.htm

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