DIME DÓNDE VIVES Y TE DIRÉ CÓMO TE LLAMAS (Parte 1 de 6)

Hace unos años se publicó un libro bastante interesante por su  forma de analizar desde un punto de vista diferente algunos elementos sociales: Freakonomics (http://es.wikipedia.org/wiki/Freakonomics). Uno de los temas que trata es la posibilidad de que haya transferencias de los nombres que las clases altas ponen a sus hijos al nacer hacia las clases bajas, estableciendo una década para que las transferencias sean observables empíricamente y, por tanto, se puedan analizar con mayor fiabilidad.

El estudio que realiza Steven Levitt junto periodista Stephen J. Dubner (2006) –autores del libro– lo inician con la influencia de tener nombres “muy de blancos” o “muy de negros”. En una de sus primeras conclusiones, indican que los nombres que suenan a “negro” conllevan una sanción económica. Así, poniendo un ejemplo de una persona de color que envía su currículum a una empresa para tratar de que le contraten y no lo consigue, se hacen las siguientes preguntas:

–          “¿Lo rechazaron porque el empleador es racista y está convencido de que DeShawn Williams es negro?

–          ¿O porque ‘DeShawn’ suena a alguien que procede de una familia de bajos ingresos y educación?

Trabajando con datos de California que además de indicar el número de personas que hay con un nombre, informa también acerca del nivel educativo, de los ingresos y de la fecha de nacimiento de la madre. Sus conclusiones indican que, “de promedio, una persona con un nombre distintivamente negro sí tiene, como resultado, una vida peor que la de una mujer llamada Molly o un hombre llamado Jake. Pero no es culpa de sus nombres. Si dos niños negros, Jake Williams y DeShawn Williams, nacen en el mismo vecindario y en las mismas circunstancias económicas y familiares, es probable que sus vidas resulten similares. Pero la clase de padres que llaman a su hijo Jake no tienden a vivir en el mismo barrio o a compartir circunstancias económicas con la clase de padres que llaman a su hijo DeShawn. Y ésa es la razón, generalmente, de que un chico llamado Jake suela ganar más dinero y obtener una mayor educación que un chico llamado DeShawn. Es debido a un entorno caracterizado por unos ingresos bajos, una educación deficiente y una familia monoparental”. (Levitt y Dubner, 2006:198-200).

“Los datos nos muestran cómo se ven a sí mismos los padres, y, lo que es más, qué tipo de expectativas tienen para sus hijos. […] Entre las revelaciones más interesantes en los datos se halla la correlación entre el nombres de un bebé y la posición socioeconómica de sus padres” (Levitt y Dubner, 2006:200-201).

“Hay un claro patrón en juego: una vez que un nombre se pone de moda entre los padres de ingresos y nivel educativo altos, comienza a abrirse camino hacia abajo en la escala socioeconómica. […] Amber y Heather surgieron como nombres de clase alta, al igual que Stephanie y Brittany. Por cada bebé llamada Stephanie o Brittany, otras cinco niñas de clase baja recibieron esos nombres en diez años” (Levitt y Dubner, 2006:211-212)

 “No obstante, a medida que un nombre de clase alta se adopta en masa, los padres de clase alta comienzan a abandonarlo. Al final, se considera tan común que incluso los padres de clase baja tal vez no lo quieran, por lo que sale de la rotación de nombres por completo. Los padres de clase baja, no obstante, buscan el nombre siguiente que han introducido los de clase alta” (Levitt y Dubner, 2006:213).

Es poco probable que el nombre marque diferencia alguna, pero los padres al menos pueden sentirse mejor al saber que, desde el principio, hicieron todo lo posible” (Levitt y Dubner, 2006:215).

Partiendo de esta investigación podemos hacer numerosos análisis. El primero del que nos ocuparemos –en posteriores publicaciones seguiremos profundizando en dicho análisis– es de si hay nombres que pasan de las clases altas a las clases bajas. Como en España no tenemos datos públicos tan amplios, este análisis tal cual puede resultar difícil hacerlo. No obstante una vía alternativa que podemos tomar es la siguiente: ¿hay transferencia de nombres entre el centro y la periferia?, o ¿hay transferencia de nombres de las provincias más ricas a las más pobres? Si hay relación entre la posición económica y los nombres que se van poniendo a los hijos al nacer como veíamos en la investigación que se describe en Freakonomics, las respuestas a ambas preguntas deberían ser positivas.

Para realizar este análisis trabajaremos con el fichero del INE: “Nombres más frecuentes por fecha de nacimiento” –en base a la Explotación Estadística del Padrón a fecha 01/01/2011–, en el que podemos ver el top 20 de nombres por décadas en cada provincia, con el número nacidos según el nombre y la frecuencia por 1.000. Nos centraremos en los casos de Madrid como “capital”, como “centro” y como “provincia rica” y con Badajoz como “periferia” y como “provincia pobre” –durante todas las décadas que abarca el presente análisis Badajoz ha estado siempre como la provincia más pobre o una de las más pobres.

Antes de seguir, la selección de Madrid además de ser la capital, el centro y una de las provincias más ricas, es debido a que las alternativas como provincias ricas tienen nombres propios diferentes que no se darían con normalidad en el resto de España, como Aitor en Guipúzcoa o Joan en Barcelona. No obstante, trataremos de ver estos casos –Cataluña y País Vasco– de forma aislada en posteriores análisis.

Centrémonos por el momento en dos nombres propios, uno masculino y otro femenino, José y María. Dos de los nombres más comunes en España, pero con diferencias entre sí. José es uno de los nombres comunes con una media de edad más elevada –entre la gente que tiene dicho nombre–, de 58,3 años. María, sin embargo, tiene una media de edad entre las personas que se llaman así de 49,3 años. Datos que se pueden extraer también del INE en el fichero ‘Nombres por edad media. Edad media de las personas que tienen ese nombre a nivel nacional’.

Un dato importante antes de seguir con el análisis es que el fichero de datos de los nombres más populares por décadas y por provincia sólo dispone de los 20 casos con mayor frecuencia. Es decir, que cuando digamos que un nombre deja de usarse en realidad estamos diciendo que desaparece de los 20 casos más frecuentes y por tanto de nuestro estudio, ya que no tenemos los datos. También hay que destacar que puesto que tanto José como María son dos nombres con gran cantidad de combinaciones –José María, José Manuel, José Miguel… María Dolores, María del Pilar, María Carmen…–, se han sumado los casos que aparecían en los top 20 para contar con un único caso.

Frecuencia de José en nacidos por mil

Comparando ambas curvas podemos ver con facilidad que lo que ocurre en una parece trasladarse a la otra tras diez años. Así, vemos que cuando en 1940 el nombre empieza a tener cierta “fama” a los diez años, es decir, en 1950 ocurre en Badajoz y se alarga hasta 1960. Cuando se populariza en Badajoz, en Madrid comienza a dejar de usarse. Y cuando entra en declive en la década de los sesenta en la capital, en los setenta comienza a producirse el mismo declive en la provincia tomada como referencia para la periferia. Si hacemos el ejercicio mental de mover una década a la derecha la curva que representa a Madrid obtenemos que casan a la perfección –la correlación sería de 0,972 con una significatividad del 99%.

Frecuencia de José en nacidos por mil

Si añadiéramos algún caso más a un nombre, en este caso José, vemos los picos y los declives que se producen en Madrid, también se producen en Cuenca y en Almería (gráfica anterior), pero con 10 años de retraso. No obstante, cada caso tiene sus peculiaridades y la influencia no se puede atribuir a un único factor.

Frecuencia de Marías en nacidas por mil

Aunque la curva para el nombre de María es diferente, las conclusiones son las mismas. Cuando en Madrid en las décadas de los cuarenta y cincuenta se populariza muy notablemente el nombre de María entre las nuevas nacidas, es entre los cincuenta y sesenta –una década más tarde– cuando dicho nombre se populariza en Badajoz. Dejando a un lado el pequeño declive que sufre el nombre tanto en Madrid como en Badajoz en lo años sesenta, vuelve a ser muy representativo, a propósito de las conclusiones que hemos extraído de Freakonomics, que cuando entra en claro declive el nombre en Madrid en los años setenta y que se alarga hasta los noventa, en Badajoz no ocurre hasta los ochenta, alargándose hasta la década del 2000. Haciendo el mismo ejercicio mental que con José, si movemos la curva que representa a los casos de Madrid una década, la coincidencia es casi total –la correlación es de 0,917 con una significatividad del 99%.

En el próximo análisis nos centraremos en algunos nombres más en los que ocurre lo mismo, en alguno en el que no ocurre y en los nombres más recientes como Alberto, Alejando o Álvaro por un lado, y  Irene, Laura o Marta por otro. Llegaremos a la conclusión de que la mayoría de los nombres se “ponen de moda” primero en Madrid y diez años después en Badajoz; del mismo modo, “desaparecen” primero en Madrid y diez años después en Badajoz, y que analizando los datos en Madrid podríamos prever cuáles serían los nombres más populares en Badajoz –y, por tanto, en el resto de la “periferia”– en los próximos 10 años.

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3 pensamientos en “DIME DÓNDE VIVES Y TE DIRÉ CÓMO TE LLAMAS (Parte 1 de 6)

  1. Mª Carmen Blanco (@MCarmenBlanco3)

    Cuando leí el libro recuerdo que una de las cosas que más gracia me hizo, fue el hecho de como marcaría a una niña el nombre Britney, supongo que será lo mismo que actualmente que a un niño le pongan Justin (dirá mucho sobre el nivel cultural de la madre). Por cierto me atrevo a decir esto porque seguro que no es el tipo de público que lee esto, o me arriesgo a que me acribillen a insultos…

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