MÚJICA Y LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD. ANÁLISIS DEL DISCURSO

En la última década la política iberoamericana se ha caracterizado por la efervescencia de la izquierda y la confluencia de diversos líderes carismáticos, normalmente ensombrecidos por la mediática figura del difunto Hugo Chávez. Pero el Bolivarianismo, o chavismo, es solamente una cara en esta izquierda iberoamericana poliédrica y compleja.  Entre el amplio abanico de personalidades, se ha solido establecer a Chávez y al brasileño Lula como las figuras antitéticas de la colorida gama de líderes que han accedido al poder por toda Iberoamérica en los últimos años.

Pese a su pasado guerrillero y sus fuertes convicciones éticas e ideológicas, el presidente uruguayo José Mújica está más cerca del carácter pragmático de Lula que del maximalismo chavista. El gobierno de Mújica se caracteriza por un pragmatismo político lejos del discurso revolucionario combinado con una sólida ética personal que le ha llevado a renunciar al 90% de su salario, a la residencia, staff y vehículo oficial, lo que le ha valido el apelativo de “el presidente más pobre del mundo”.

A finales de junio de 2012, José Mújica pronunció un emotivo discurso en el marco de la Cumbre de Rio en el que hacía una exaltación de la búsqueda de la felicidad. En las líneas siguientes se describirá el valor retórico del discurso de Mújica, el cual destaca por el uso central de la pregunta retórica  y la contraposición de ideas en una clara llamada a la reflexión de la audiencia.

El contexto de la cumbre de Rio, organizada en junio de 2012 por Naciones Unida era el aportar soluciones a los desafíos, principalmente medioambientales, que afronta el planeta de manera global. Es sabido que este tipo de reuniones de alto nivel se caracterizan por una prolífica  declaración de intenciones que no suelen traspasar las fronteras del papel. En esta ocasión, sin embargo, Mújica optará por apelar al sentido reflexivo de la audiencia, global, en lugar de proponer mundos bajo el arco iris o proyectos que precisan de un improbable consenso internacional.

Entre las figuras retóricas usadas, destaca un constante uso de la prosopopeya o personificación. Son cinco las personificaciones más relevantes acerca de la humanidad (nuestra pobre humanidad pueda suscribir), de la civilización (hija del mercado, hija de la competencia) el mercado (que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre; no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado), la globalización (cuya mirada alcanza a todo el planeta) y la sociedad de consumo (la economía de mercado ha creado sociedades de mercado; ese hiper consumo es el que está agrediendo al planeta)

La metáfora en su sentido más tradicional también está presente a lo largo de la exposición. Desde metáforas clásicas en alusión al mundo (todas las latitudes), a la sociedad de consumo (la sociedad de consumo es el motor de esto)  o la felicidad (es el tesoro más importante que tenemos) hasta más desarrolladas como las referidas a la prehistoria (No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas) o la negación del progreso (ni de tener un “monumento al atraso) pasando por menciones a los sentimientos generados por la cumbre (¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas?; voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hagan)

Junto a estas figuras retóricas esenciales, construidas de forma sencilla, el cuerpo del discurso descansa en las preguntas, retóricas en su mayoría, y en la contraposición de ideas. Este último recurso es otra de las figuras favoritas de los redactores de discurso. La contraposición es asimismo una figura que ha estado presente en la Retórica durante toda la historia de la humanidad. Desde la más famosa de todas, el bien contra el mal, hasta las más sutiles y contextualizadas.

Mújica utiliza hasta en cinco ocasiones la contraposición de ideas para cargar contra el actual modelo de desarrollo, de sociedad de consumo desenfrenado, proponiendo sus propias recetas. Todas las contraposiciones están formuladas de la misma forma, estableciendo de forma tibia pero negativa “el mal” en un primer momento, para proponer “el bien” en forma positiva en la segunda parte. (El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre; No venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices; No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”. Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado; Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo “rechinan”. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.; el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana). Utilizadas en el corpus del discurso y al final de éste sirven de contestación a las preguntas que plantea al comienzo de la exposición y de proposición de enmienda a los problemas que la Cumbre trataba. Una sutil forma de pedir un cambio de mentalidad en lugar de rimbombantes declaraciones o megalómanos proyectos.

Sin embargo, como se ha ido diciendo, el leif motif del discurso es la pregunta retórica. Hasta doce cuestiones se plantean en los escasos diez minutos de discurso. Diez de ellas planteadas en las primeras líneas, establecen los puntos sobre los que el orador quiere que la audiencia reflexiones.  Comenzando con la, ya mencionada, metafórica ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas?, seguida de la directa ¿El modelo  de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?. Esta segunda lleva a dos preguntas derivadas: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?  Este primer bloque de preguntas esenciales se cierra con un grupo de tres que se argumentan en clave de contraposición de ideas a modo de aclaración de las anteriores: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado  de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo  de discusión?.

Tras esta contundente exposición de ideas, se expone el segundo grupo de ideas abordando los desafíos de la globalización en los términos que en el párrafo ha sido expuesta: ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía que basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

Las decimoprimera pregunta no es una pregunta retórica sino un nexo para dar paso a una explicación en clave doméstica, para llegar poco más tarde a la pregunta final que abre la conclusión del discurso: ¿ese es el destino de la vida humana?  

Todas las preguntas son formuladas de una forma sencilla pero guardan una importante carga simbólica que transciende el contexto en el que están planteadas, buscando, como ya se ha mencionado, que la audiencia reflexione y encuentre sus propias respuestas si bien Mújica aporta sus propias opiniones en la forma de la ya citada contraposición de ideas.

Otras figuras retóricas usadas de forma residual, pero que en cierto modo son muy propias del discurso de Mújica es por ejemplo, la identificación con los trabajadores (Mis compañeros trabajadores –uruguayos-) o el abundante uso de la primera persona para explicar situaciones cotidianas en tono coloquial aportando humildad y rebajar así la distancia entre orador y audiencia (Me hago esta pregunta; Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando, en mi humilde manera de pensar; Y uno se hace esta pregunta). Otra figura usada de forma residual pero utilizada magistralmente es la cita de autoridad. Tan sólo una cita pero que aporta el aliciente de que equipara el pensamiento clásico greco-latino a través de Epicúreo y Séneca con el pensamiento indígena americano por medio de los Aymaras, implicando otro modelo de globalización en la enésima contraposición de ideas que se destila de todo el discurso: Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho”.

En conclusión, el discurso que José Mújica pronunció en la Cumbre de Río en junio de 2012 es una magistral muestra de que se puede crear un discurso motivador, reflexivo y propositivo utilizando figuras retóricas clásicas conjugadas con la sencillez que le es propia al presidente de Uruguay.

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