LA ORIENTACIÓN SEXUAL… ¿UN NUEVO CLEAVAGE?

Con los acontecimientos recientes del visto bueno por parte del Tribunal Constitucional Español del matrimonio homosexual –así como de la Corte Suprema de los EEUU-, y coincidiendo con el Gay Pride (Orgullo Gay) del 28 de Junio, queremos dedicar el artículo a la orientación sexual desde un punto de vista sociológico-político. Para ello, empezaremos a diseminar el concepto de forma breve para analizar los puntos de vista de estudio más importantes y acabar dilucidando de qué manera los investigadores han observado el concepto como un cleavage electoral.

No hay que dudar de la importancia de este objeto de estudio: la reivindicación de los derechos (especialmente civiles y sociales) por parte de estos colectivos guarda mucha conexiones con la participación política de sus individuos, tanto en la escala personal (desde el voto, por ejemplo), tanto en la colectiva (participación de asociaciones, movimientos de protesta…). Por otro lado, y aunque existe un abundante debate previo a nivel internacional sobre la construcción de la identidad y su influencia en el perfil político de los sujetos, existe poco interés nacional por este tema (en nuestro país no existen grandes estudios sobre el tema, incluso se ha prescindido de esta variable sociodemográfica). Por ello, vamos a analizar en primer lugar a los sujetos y sobre qué temas han rondado las investigaciones previas.

homosexualidad

1.      Los sujetos y las formas de estudio relevantes en el debate político

En primer lugar es interesante definir cuáles son nuestros sujetos de análisis, debido a que se tiende a realizar generalizaciones que crean confusión. Esto supone que cuando estamos hablando de orientación sexual hemos de separar, al menos, a gays/lesbianas, bisexuales y asexuales de la transexualidad, debido a que en los primeros casos hablamos de “orientación sexual” mientras que en el segundo caso de “sexo”, a pesar de que se ha tendido por parte de los colectivos LGTB a incluir también a estos individuos en sus reivindicaciones. Los estudios son variopintos en este concepto: algunos incorporan la categoría LGBT como un todo (debido que en ambos existe un pasado común en términos de discriminación de derechos); otros, solo utilizan a la población gay/lesbiana, por su facilidad de acceso… pero, en todos los casos lo que se pretende es estudiar la influencia de la categoría en su comportamiento político-electoral.

Dentro de lo que  análisis que se han realizado, destacan importantes estudios dentro de América Latina, especialmente en Chile, Colombia y México. En nuestro país no existen investigaciones relevantes sobre la relación de los homosexuales con la política; y por supuesto, tampoco, grandes encuestas sobre comportamiento o cultura política de la población homosexual española. En términos más generales, los estudios existentes centran en hablar al colectivo LGTB como tres estructuras: como electorado, como movimiento social y como ciudadanos.

Los primeros han pretendido analizar a todo el colectivo uniforme, de modo que plantean que el electorado LGTB se comporta y voto de forma unidireccional. Los segundos analizan los movimientos sociales que son capaces de influir en la opinión pública y en las acciones de gobierno; los últimos, han abundando en el papel de los individuos como ciudadanía, en el sentido de qué debe exigirse de un individuo LGBT, en términos de esta nueva ciudadanía planteada basada no sólo en los derechos contraídos hacia las minorías sino también en una serie de deberes que les han sido constitucionalmente entregados. En este sentido, algunos teóricos han investigado sobre cómo se forja un discurso sobre la necesidad de acción política con base en una noción de identidad compartida, y si ese esquema es legítimo como vía de acción política

2.       ¿Un nuevo cleavage?

Dentro de las investigaciones que estudiaban a los sujetos como un electorado, esto es, parten de la hipótesis que entre individuos sus comportamientos electorales son similares, tenemos aquellos que defienden la existencia de un nuevo cleavage por orientación sexual. Ahora bien, ¿qué es un cleavage o clivaje (en español)? Es un concepto ideado por Lipset y Rokkan (1967) en el que plantean fracturas para analizar las tendencias en el voto por las cuales la sociedad se parte en bloques separados por estas escisiones. La hipótesis planteada por ellos –de forma simplificada- suponía que cada votante, en función de a qué lado se encontraba de dicha escisión, tomaría parte hacia un partido u otro.

En este sentido, las pocas investigaciones realizadas a través de pequeñas encuestas, y sobre todo, grupos de discusión, repercuten el mito construido de que la población homosexual (por antonomasia, aunque también incluye a los bisexuales y transexuales) es generalmente más activa políticamente, así como votan con mayor intensidad a partidos de izquierdas y/o progresistas (depende del país, por supuesto) que la media de la sociedad. La justificación especificada tiene que ver casi con una cuestión de agendas: la apropiación de muchas reivindicaciones exigidas por los colectivos por parte de los partidos de izquierda propicia esa proximidad entre individuos y partidos. Además, el rechazo por parte de agrupaciones conservadoras y/o democristianas a posturas favorables acerca del matrimonio homosexual y la adopción genera con mayor intensidad dicha fractura.

Por citar un único ejemplo, el más reciente realizado por Pacheco de Freitas (2012), expone la intensidad de voto durante las elecciones de 2008 en EEUU donde se enfrentaban Barack Obama por los demócratas y John McCain por los republicanos en una campaña donde el matrimonio homosexual fue uno de los temas más comentados. Según el autor, aquellos votantes americanos que se declararon homosexuales o bisexuales dentro de la muestra votó por demócratas (frente a los republicanos) en una proporción de 76% a 22%. Es más, el autor expone que ese porcentaje de votantes (que él cuantifica en un 5% del electorado norteamericano) “equivale a la diferencia que dio la victoria al presidente. Además hay que destacar que al dividir el electorado por franjas de edad, existe un mayor porcentaje de homosexuales entre los más jóvenes, lo que sugiere una tendencia demográfica creciente en el voto homosexual”.

A pesar de que la mayoría de las investigaciones apuntan a esta tesis, es cierto que surgen algunos inconvenientes. En primer lugar, y sin tener en cuenta el principal obstáculo, la escasez de dichas investigaciones, la ausencia de grandes encuestas impiden extrapolar los datos que nos permitan sacar conclusiones de mayor profundidad. Además, hay que tener en cuenta que nadie ha sido capaz de demostrar, hacia un lado o hacia otra, de forma tangible y mesurable, si ese cleavage “homosexual” es viable y en qué condiciones. Existen bases fuertes para concluir un comportamiento político-electoral diferente de este colectivo (como puede ser una excesiva politización de su issue, la participación en movimientos reinvindicativos de una parte de sus individuos, en especial de los de mayor edad… etc) pero no datos objetivos para aseverarlo.

Así, parece que la orientación sexual más que ser un cleveage, y a expensas de futuras investigaciones que lo demuestren, se configura más como una variable sensible a determinados aspectos del debate público hacia los cuales este colectivo puede comportarse como una clase (la prensa española ha llegado a hablar de “voto rosa”) o incluso, desarrollar ciertos discursos en cuanto a determinados asuntos o issues (como puede ser el matrimonio homosexual).

En nuestro país, y en general, este tema está poco estudiado. Hasta ahora ningún estudio ha observado detenidamente cómo es el proceso de participación democrática en minorías sexuales, ni tampoco se ha discriminado la variable orientación o identificación sexual en ningún estudio electoral general. En este sentido podemos apuntar varios campos donde futuros investigadores deberían ahondar por ejemplo en las franjas de edad (una hipótesis podría ser que en los individuos más veteranos puedo existir ese cleavage pero en los más jóvenes se ha diseminado en otros componentes más materiales debido a la crisis económica), o cómo afectan los espacios de “homo-socialización” al comportamiento político-electoral.

Bibliografía

  • Almond, G. y Verba S. (1970):La cultura cívica. Estudio sobre la participación política democrática en cinco naciones, Madrid, Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada.
  • Bourdieu, P. (1972) : L’opinion publique n’existe pas
  • Bouza, F. y González, J.J. (2009): Las razones del voto en la España democrática 1977-2008. Ediciones La catarata. Madrid.
  • Del Castillo, Pilar (1998): Comportamiento político y electoral. Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid.
  • Dahl, Robert (1989): La poliarquía. Participación y oposición, Madrid, Tecnos. Colección de Ciencias Sociales.
  • Guasch, O. (1995): La sociedad rosa. Editorial Anagrama. Barcelona.
  • Herrero Brasas, J.A. (2001): La sociedad gay: una invisible minoría. FOCA Ediciones. Madrid.
  • Inglehart, R. (1972); The Silent Revolution, Princeton University Press.
  • Kymlicka, W. (1996): Ciudadanía multicultural. Editorial Paidós. Barcelona.
  • Lipset, S. y Rokkan, S. (1967): Party Systems and Voted Alignments. Free Press.
  • Pacheco de Freitas, J. (2012): La relección de Barack Obama: entre la polarización y el pospartidismo. Agenda Internacional Año XIX, N° 30, 2012, pp. 195-240.
  • Rubio Arribas, F J. (2008): ¿El tercer género? La transexualidad. Revista críticas de ciencias sociales y jurídicas. Nº17.  Disponible en http://www.ucm.es/info/nomadas/17/fjrarribas.pdf.
  • Taylor, C. (1996): ¿Qué principio de identidad colectiva?, revista ‘La política’, nº3, 1996
  • Vinuesa, M.L. (2003): Opinión pública y cultura política en la España democrática. Universidad Complutense de Madrid, servicio de Publicaciones. Madrid.
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3 pensamientos en “LA ORIENTACIÓN SEXUAL… ¿UN NUEVO CLEAVAGE?

  1. Ansgar Seyfferth

    Interesante. Una duda que me surge es si existe una explicación científica para el mayor porcentaje de homosexuales entre los más jóvenes del que habla Pacheco de Freitas, porque de lo contrario, y partiendo de la base de que estos porcentajes se determinan mediante encuestas, me inclinaría más bien a pensar que las diferencias se deben a un efecto de deseabilidad social: Parece razonable suponer que la proporción de homosexuales que no reconocen esta condición en una encuesta aumente con la edad, ya que la gente más mayor se ha creado en general en un clima de mayor intolerancia y rechazo hacia la homosexualidad y puede ser más reacia a reconocer esta condición.

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  2. Josema Ramírez Autor de la entrada

    Sin duda, y quizá ahí está la dificultad: que no existen datos (encuestas si quieres) donde el individuo declare su orientación sexual (de forma libre, anónima, para que no tengamos el problema que planteas) y posteriormente, responda a cuestiones de comportamiento electoral y político que nos permitan sacar conclusiones certeras. Este es el principal escollo que tienen los investigadores a la hora de analizar este tema. Personalmente, confió en la tesis de Pacheco de Freitas pero por un asunto de agendas: si los temas que defendían los demócratas conviene con los que defienden los miembros LGTB es más probable su voto hacia esta institución (estén o no declarados socialmente como homosexuales, bisexuales o demás… puesto en qué en su debate interno, rational choice, sí que pesará este dato). En cambio, el rechazo republicano a la adopción o el matrimonio por parte de homosexuales (por ejemplo), sí puede influir en que a la hora de realizar su voto, no lo haga por esta formación. Pero, ya te digo, es desde una visión personal.

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