PRIMARIAS QUE TERMINAN SIENDO OTRA COSA

El próximo día 29 de julio en Andalucía el PSOE debería vivir una sesión de primarias. Un acto de tal magnitud podría suponer un punto de inflexión para fortalecer el partido y le daría mayor capacidad interna para hacer frente a imprevistos. Sin embargo, esto no será así. Errores que alejan a los políticos de los ciudadanos –inicialmente la premura en la fecha de celebración de las mismas, el alto número de avales, limitar la votación sólo a los militantes,…y finalmente el candidato único– podrían debilitar la estructura del partido y prepararla para una futura derrota electoral.

Comision de Garantias PSOEAndalucia

Comisión de Garantías del PSOE de Andalucía en el recuento de avales (Fuente: PSOE Andalucía)

En Estados Unidos las primarias de un partido son casi tan importantes como la propia elección presidencial. A este proceso le dan la importancia que se merece, porque es en este punto donde se elige al próximo candidato a la presidencia. Una persona que no sea capaz de ganarse el apoyo de la mayoría de los suyos de forma limpia y transparente no sería candidata.

En España el proceso de primarias está muy poco explotado. Apenas se ha utilizado, a pesar de las ventajas que presenta. La principal es que da una gran visibilidad y si eres el único partido que las hace, se conseguiría todo el foco mediático. La mayoría de la información política versaría sobre esas primarias (todo un proceso democrático) y el resto de partidos perderían espacio mediático.

Teniendo en cuenta que la sociedad actual está pidiendo más democracia porque está enfadada con sus políticos, hay que dar democracia a los ciudadanos. Pero no cualquier tipo de democracia limitada –poniendo plazos muy difíciles para participar, requiriendo un gran número de avales,…–. Se tienen que rebajar los límites para acercar la política a los ciudadanos. Dejar que los medios de comunicación puedan tener un acceso total a los sucesos que giren en torno a las primarias y ser transparentes. El actual Secretario General del PSOE de Andalucía, Presidente del PSOE y Presidente de Andalucía no debería haber dado su apoyo a Susana Díaz –única candidata a las primarias en conseguir los avales suficientes y por tanto la sucesora de Griñán para las próximas elecciones.

Antes de que se anunciasen las primarias ya se sabía quién era la candidata de Griñán y quién el candidato de Rubalcaba. Estos posicionamientos de los intereses de uno y de otro hace que la gente ya no pueda pensar libremente y limita las posibilidades del resto de candidatos que pudieran atreverse (aun corriendo el riesgo de no conseguir los avales) a presentar su candidatura. Ya ocurrió algo similar en uno de los últimos Congresos del PSOE, cuando Emiliano García-Page decidió retirar su candidatura para liderar el PSOE (elección que se hacía con avales repartidos de forma territorial).

Si se hubieran pretendido unas primarias de verdad, no se habría pedido un número tan elevado de avales (casi el 15% de los militantes debía apoyar al candidato) y no habrían dado sólo dos semanas a los candidatos para preparar sus argumentarios y las campañas para transmitir sus proyectos. Esta premura y estos límites tan altos no han permitido vivir el proceso como algo democrático, sino como algo rutinario y de segundo nivel, puede que algo más inferior dado que no habrá primarias. Haber previsto uno o dos debates entre los candidatos, una regulación de actos para la gira o espacios en los medios de comunicación para que puedan transmitir sus mensajes, habría hecho notar a la ciudadanía de que las primarias en España, en este caso Andalucía, son algo importante que habrían ayudado a mejorar la democracia.

La endogeneidad no es la única opción. Hay que dar posibilidades para que surjan opciones renovadoras en los partidos políticos. No hay que tener miedo. Ya no sólo para crear un proyecto más sólido, por el aumento de la competencia; o más creíble, al haberse comunicado más y mejor; o con más previsión de futuro, al tener que desarrollar un argumentario sólido. El planteamiento de primarias que habían organizado se habría limitado a dar dos o tres charlas al día en las sedes de los pueblos con uno o dos actos más importantes en los que tratarán de buscar apoyos de los barones del partidos (que no deberían dar) y la participación habría sido muy baja, así como la atención mediática, y no habría llegado al nivel nacional como se hubiera conseguido con un planteamiento diferente que permitiría ayudar a limpiar la imagen del partido en todos los rincones del país.

El apoyar a candidatos que, aparentemente, parecen más bien cargos técnicos que líderes políticos –que es lo que la sociedad demanda por encima de todas las cosas, políticos con capacidad de liderar más allá de su partido– conlleva riesgos. Susana Díaz ha demostrado que cuenta con los apoyos necesarios dentro del partido, pero dentro de tres años tendrá que enfrentarse a un Partido Popular en Andalucía renovado –salvo que siga el ejemplo del PSOE– y si, por alguna razón que todavía no se puede prever, pierde las elecciones, el PSOE perdería su último bastión y entraría también en esta comunidad en una crisis interna similar a la que está viviendo el PSOE a nivel nacional por la gestión de Rubalcaba al prolongar de manera artificial su mandato al frente del partido. Unas primarias de verdad habrían permitido que el próximo candidato del PSOE fuese más competitivo y con mayores posibilidades electorales.

Una vez establecido el próximo candidato (aunque haya sido de esta forma tan poco ortodoxa), todos los miembros del partido deberían darle su apoyo y dejar de criticar el método. Tienen que aparentar estar unidos. El Alcalde de Jun ya se ha hecho notar, más comentarios negativos sobre las irregularidades en las primarias y todos los fallos que han podido tener sólo harán que el partido empeore su imagen social (“si hasta los miembros del partido critican al partido, por algo será”, podría decir un ciudadano cualquiera). Hay que aceptar el resultado aunque no guste. Estamos en un momento político muy complejo como para aumentar las dudas sobre el mismo.

Hay que tener cuidado y actuar de forma estratégica para conseguir lo mejor para el partido, pero sobre todo para los ciudadanos.

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