LOS PARTIDOS POLÍTICOS TENDRÁN QUE PASAR A UN SEGUNDO PLANO

Autor: Álvaro Marchante

Los ciudadanos españoles han perdido la fe en los políticos de los partidos mayoritarios. El PP y PSOE, que en las últimas dos décadas cada vez obtenían más votos, están a punto de perder aquello que les hace, o al menos les hacía, fuertes: su condición, aceptada socialmente, de partidos mayoritarios. Pero no es algo por lo que debamos alarmarnos, es una fase del proceso histórico habitual en numerosas democracias.

La pérdida de votos que continúan arrastrando tanto el PP como el PSOE en los sondeos publicados desde las últimas elecciones generales son una muestra cortoplacista de ello (Tabla 1). Una mirada más profunda del desgaste del sistema establecido con los partidos mayoritarios como centro de hacer política, la podríamos encontrar en los indicadores de confianza de las labores desempeñadas por los partidos que han estado en el gobierno y los principales partidos de la oposición en cada momento que nos muestran un continuo retroceso (Tabla 2).

Tabla 1 - Suma PP y PSOE en los sondeosTabla 2 - Confianza gobierno - oposiciónSi el desencanto político continúa o se agrava, la “casta política” no se renueva, los ciudadanos continúan con sus protestas, la economía no mejora pese a las continuas reformas y las instituciones democráticas siguen perdiendo confianza, los ciudadanos comenzarán a buscar otras formas de elegir a sus líderes (Nie, Verba y Petrocik, 1979). Un cambio en la forma de percibir la política no es imposible, ya ocurrió en Estados Unidos, en Francia, en Reino Unido así como en numerosos países de Latinoamérica. Los partidos políticos no siempre son el referente por el cual se vota a un proyecto o a otro.

Con unos partidos políticos mayoritarios con graves acusaciones de corrupción y unos líderes que rondan el 2-3 de valoración y con una desconfianza superior al 80%, lo normal es que haya un cambio de paradigma político.

En período electoral se dice que en España la gente suele votar una y otra vez por las mismas siglas. Ahora lo normal es escuchar, con frecuencia, a personas que siempre habían votado por el PP o por el PSOE planteándose no volver a votarles o dejar de votar. Situación que es fácilmente refutable cuando vemos que en todos los sondeos aparece un 50% de encuestados que dicen que no van a votar, votarán en blanco, no saben o no contestan (ya hemos analizado en diferentes ocasiones esta situación). Las ataduras partidistas –la fidelidad de voto– se están perdiendo. El sondeo de MyWord para la Cadena SER del 24 de junio tan sólo daba algo más de un 30% a los votantes que volverían a votar al PP o al PSOE. Los sondeos de Metroscopia llevan más de un año mostrando una fidelidad de voto inferior al 50% en ambos partidos.

La sociedad española está cambiando, hay numerosas muestras, sólo tenemos que escuchar a lo que se dice en la calle. Este es el momento de que cambien los partidos. Si no se adaptan, el desarraigo político de los ciudadanos continuará y la confianza seguirá perdiéndose. Esto ya ha ocurrido en otros países como en Estados Unidos, donde la afinidad partidista ha ido cada vez va a menos (Wattenberg, 1991, 1998; Norman, Verba y Petrocik, 1979). Lo normal en EEUU es que haya grandes transvases de votos entre los partidos. A medida que se suceden las elecciones, los partidos van perdiendo fuerza como condicionantes del voto a favor de los candidatos y de los temas de campaña o issues. Así, un líder político con un gran carácter, con una gran capacidad comunicativa, con un buen manejo de los tiempos y con un proyecto percibido por la mayoría de la sociedad como necesario, como es el caso de Obama, ganará las elecciones, sin importar tanto el partido político en el que se encuentre.

La primera adaptación que tendrán que aceptar los partidos es pasar a un segundo plano. Los ciudadanos ya no confían en ellos y posiblemente esta situación se mantenga durante años. Si quieren que los ciudadanos vuelvan a confiar en la política, que no en los partidos como se necesita actualmente, tendrán que ceder paso a los líderes políticos.

En segundo lugar, se necesitan líderes con una capacidad comunicativa más desarrollada. Rajoy ha tenido numerosas ocasiones –cuando empezó la legislatura– para lanzar mensajes de confianza y de tranquilidad para que los mercados se relajasen. En vez de eso, decidió esconderse en Moncloa y dejar que los mercados actuasen a sus anchas. Los ‘cien días de gobierno’ pasaron casi desapercibidos. Cuando uno tiene una oportunidad tiene que aprovecharla y las posibilidades de que los mensajes lleguen a donde tienen que llegar (los mercados, la Unión Europea, la ciudadanía,…) aumentan si se sabe cómo se tienen que transmitir dichos mensajes. Cuando uno habla con diputados, senadores, secretarios generales,… del PP, todos reconocen que tiene un problema de comunicación y que es su asignatura pendiente. Esa no es la actitud. Hay muchas formas de comunicar y todas y cada una de las mejores pasan por decir la verdad, ser sinceros, reconocer la situación en la que nos encontramos y operar estratégicamente. Cualquier otra estrategia de comunicación, tarde o temprano, dará problemas.

En tercer lugar, necesitamos una política más ciudadana. Hasta ahora en la democracia española sólo se han hecho tres referendos a nivel nacional (para aprobar la Constitución Española, para la entrada en la OTAN y para aprobar la Constitución Europea). Los ciudadanos quieren ser escuchados. Si los programas políticos no se cumplen (el 67%, según el ya citado sondeo de MyWord, piensan que el PP presentó su programa electoral sabiendo que no lo iba a poder cumplir) y, por tanto, se llevan a cabo políticas que no han votado los ciudadanos, la ciudadanía quiere volver a ser escuchada.

La gente no quiere partidos que sean una estructura única, quiere que a la persona que voten le represente más allá de la línea editorial de cada partido. Los partidos tienen que adaptarse a los nuevos tiempos y hacer política de otra forma. Yo quiero que mi concejal, mi alcalde, mi presidente autonómico o mi diputado me defienda frente al gobierno si hace falta por defender el programa que he votado, aunque tenga que llevarle la contraria a un compañero de siglas presidente regional o al mismo secretario general de su partido. Los políticos en España tendrán que encontrar otras formas de hacer política, como la estadounidense, en donde los partidos son una estructura pero la línea argumental la lleva cada candidato en su territorio; donde lo normal es que para sacar una ley haya que negociar con los miembros electos del propio partido para que le apoyen y donde hay veces que no salen proyectos que presenta un partido político porque alguno de sus miembros se opone rotundamente por pensar que va contra los intereses de sus representados. Los políticos en Estados Unidos tienen que ganarse continuamente el voto de los ciudadanos. Tienen que trabajar por defender sus intereses, como es lógico en una democracia representativa.

La crisis de confianza política que estamos viviendo en España puede seguir esta última tendencia y los partidos que no se adapten tendrán problemas para seguir manteniendo el poder o para tratar de conseguirlo. Las nuevas formas de ver la política se están instalando en la conciencia social y poco a poco habrá más democracia o los ciudadanos mirarán hacia los líderes políticos que la ofrezcan.

Nie, N. H., S. Verba, et al. (1979). The changing American voter. Cambridge, Mass., Harvard University

Stuart Mill, J. (1878). El gobierno Representativo. Sevilla: Administración de la Biblioteca Científico-Literaria; Madrid: Librería de Victoriano

Wattenberg, M. P. (1990). The decline of American political parties, 1952-1988. Cambridge, Mass., Harvard University

Wattenberg, M. P. (1991). The rise of candidate-centered politics : presidential elections of the 1980s. Cambridge, Mass., Harvard University Press.

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2 pensamientos en “LOS PARTIDOS POLÍTICOS TENDRÁN QUE PASAR A UN SEGUNDO PLANO

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