ULTRADERECHA EN EUROPA. EUROESCEPTICISMO Y NACIONALISMO

Autor: José María Ramírez

En esta ocasión, y con motivo de la celebración de los veinte años de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht, os proponemos quizá uno de los temas más comentados en los medios de comunicación: el auge de la ultraderecha en las primeras encuestas pre-electorales que se están realizando en algunos de los países de la Unión Europea.  Sin duda, uno de los más espectaculares ha sido el dato francés, donde el partido de Marie Le Pen (Frente Nacional) se coloca como favorito con un 24% de los votos, dos puntos más que los conservadores de la UMP y cinco más que el Partido Socialista Francés (un 19%), tras año y medio de Presidencia de François Hollande.

En este artículo, intentaremos responder  al menos a cuatro cuestiones. En primer lugar, intentaremos analizar cuál es la ultraderecha que ésta naciendo en el viejo continente y en qué se diferencia (y en qué se parece) de la clásica extrema-derecha muy presente en la historia de Europa. En segundo lugar, nos centraremos en uno de sus principales postulados: el euroescepticismo. Después, intentaremos buscar cuáles son las causas de su auge, y cómo la crisis económica está trayendo discursos que hasta este momento habían quedado sofocados.  Y por último, intentaremos apuntar  los sondeos publicados en algunos de los países de UE para observar qué peso podrán tener dentro del nuevo Europarlamento.

“Ultra-derecha” versus “Extrema-derecha”

Es difícil definir con claridad a la extrema-derecha (ultra-derecha) de una forma coherente y “exacta”. La dificultad del término recae en la progresión temporal que ha sufrido, evitando caer en los significativos peyorativos que socialmente ha poseído el término. Para ello, intentaré basarme en características más o menos aceptadas por todos para poder acotarlo sin restringirlo en exceso ni pretender realizar aquí una labor histórica exhaustiva.

En plenos años treinta, en Europa se extiende como común lo que se ha llamado extrema-derecha, asociado especialmente a partidos fuertes y liderazgos populistas como los de Mussolini o Hitler. En general, sus bases se fundamentaban en dos preceptos: el autoritarismo y el nacionalismo. El primero entendido tanto por el tono –militar generalmente, con valores verticalistas donde el líder goza de la mayor parte del poder, sino todo – y en la forma, con ausencia de libertades públicas y, por supuesto, con una postura anti-democrática.

El segundo concepto, el nacionalismo, también muy propio del momento histórico debido a antiguas rencillas entre franceses y alemanes,  era utilizado como un elemento de legitimación por esos “supra”-líderes donde realizan un uso político de la palabra “pueblo” (nación), poniendo el énfasis en la soberanía de este para tomar las decisiones que debe acarrear la Nación (y es lo que les acerca al populismo, y para ello, se recomienda la lectura de Hermet, 2008). Y, aunque es cierto que tanto demócratas como estos idolatran al pueblo; son los populistas (y por ende, la extrema-derecha) quienes levantan sus sentimientos más pasionales para llevarlos contra el enemigo (¿los extranjeros?¿judíos?¿pobres y marginados? Depende del tipo de partido y del país donde nazca).

Aparte de estos dos conceptos, es bien cierto que tienen más conocidas características como la xenofobia que practican, los valores tradicionalistas y conservadores que profesan (machismo y homofobia), etc. Sin embargo, son estos dos valores los que nos interesan en el cambio que ha sufrido la extrema-derecha.

La nueva “ultra-derecha” que aparece ahora adopta nuevas formas democráticas (y por ende, retira el componente militarista y autoritario que poseía la extrema-derecha) para presentarse de una forma atractiva y poco hostil a un electorado que poco ha sufrido de la anterior. Esa ultra-derecha moderna pretende alejarse de esa extrema-derecha clásica, aunque sigue persiguiendo la mayor parte de sus postulados, especialmente el del nacionalismo, aunque camuflado bajo valores menos sagrados y más pragmáticos. El azote de la crisis económica y el aumento del desempleo (especialmente en fábricas, entre los cinturones industriales de muchas capitales europeas, entre los jóvenes…) han hecho que estos partidos canalicen su nacionalismo y su xenofobia hacia el mito de que los foráneos “roban” los puestos de trabajo a los patrios. Además, sucede un fenómeno extremadamente curioso: estos partidos han conseguido que la ira de los obreros no se dirija hacia la clásicamente denostada clase alta, los propietarios y las empresas,  sino hacia las clases más desfavorecidas, los mendigos y especialmente los inmigrantes, por las concesiones otorgadas por los Estados a los más desposeídos (Hermet, 2008, pp. 25).

Euroescepticismo y nacionalismo

En ese sentido es bastante destacable que ese nacionalismo de estos partidos de ultra-derecha se plantee en términos de euroescepticismo, sobre todo cuando concurren como candidatos a escaños dentro del Parlamento Europeo. La mayoría de los partidos –sino todos- de esta tendencia rechazan la pertenencia de sus países a este organismo; es más, el doble juego electoral ha hecho que los principales partidos conservadores nacionales (y no sólo los conservadores) jueguen cartas de campo del euroescepticismo (el caso más claro son los tories británicos) para poder competir contra ellos por un electorado desencantado con la Unión Europa y las políticas comunitarias.

Es interesante observar sus demandas principales, debido a que intentan entroncar dentro de ese nacionalismo propio: la recuperación de las competencias cedidas a la Unión Europea o la defensa de los intereses nacionales por encima de los comunitarios –aunque supongan un cierta desagravio entre ciudadanos europeos.  También es observable el papel jugado por estos en el bloqueo de las cuentas comunitarias en 2011 (nuevamente el caso más claro es el apoyo institucional dado por el UKIP a Cameron para avanzar en el cheque británico) o la recuperación de políticas de fronteras-Schengen (en conexión con el debate migratorio, como por ejemplo, en plenas elecciones francesas de mayo de 2012 donde tanto el Frente Nacional y, más tibiamente, la UMP pedían la recuperación de esta competencia por parte del Estado Francés).

Bien es verdad que el euroescepticismo no es un únicamente un discurso de la ultra-derecha, sino que también la izquierda (y la extrema-izquierda) ha utilizado, aunque por motivos muy diferentes. Si para los primeros se usa el tema nacionalista-patrio, los segundos se oponen a las políticas económicas que han sido utilizadas durante la crisis financiera por parte del Gobierno Comunitario, si bien detrás de ello hay un discurso anti-globalización más poderoso (el “no” a la Constitución Europea por parte de comunistas-verdes franceses y holandeses está motivado por ese discurso anti-globalización). Aunque también es cierto que algunos partidos de ultra-derecha han utilizado ese rechazo a estas políticas durante la actual crisis (sin irnos más lejos, el partido Democracia Nacional español).

Una coyuntura única para unos partidos reformados

Ahora bien, ¿cuál es el motivo por el cual es ahora cuando están obteniendo repercusión social y política? ¿cómo es posible que estos partidos que hasta los años 90 eran minoritarios y denostados por la opinión pública estén ahora encabezando sondeos en Francia, e incluso hayan podido tener presencias en gobiernos como el de Holanda o Noruega? Primeramente, y como podemos observar en el primer gráfico que presentamos a continuación, el principal foco donde estos partidos tienen presencia política-parlamentaria y social es el norte de Europa: Finlandia, Holanda, Austria (con casi un 27% de votos entre los dos partidos) y Dinamarca. Aunque no pertenecen a la Unión Europea, Noruega y Suecia también son dos países con gran presencia de la ultraderecha, con más de un 15% de los votos (28,9% del Partido Popular Suizo y  un 16% del Partido del Progreso de Noruego, aunque si bien en 2009 obtuvieron un 22,9% antes de la matanza de Utoya).

Presencia de los partidos de ulltra-derecha en los parlamentos nacionales de cada paísEn este sentido, lo que podemos apreciar en el mapa cuáles son las zonas de mayor penetración de la ultra-derecha. Son sobre todo, Estados del norte de Europa, pero sobre  todo, los que conocemos como países ricos, los que poseen este tipo de partidos dentro su arco parlamentario con importancia social y parlamentaria. En ese sentido, es indudable cómo los elementos coyunturales de la crisis económica y financiera han provocado un aumento en el voto hacia esta ideología. Es innegable que ante las innegables tasas de desempleo se hayan producido usos electorales de aquellos castigados por esta problemática. La canalización de estos discursos demagógicos y populistas han conseguido  arrancar el voto de aquellos desconfiados con la clase política, o al menos de los bipartidismos europeos, esos que no han sido capaces de solucionar a corto plazos los deseos laborales del electorado. Puede que existan otros factores como es por ejemplo el aumento de la inmigración. Y de este modo, los partidos de la ultra-derecha hayan avivado el discurso de los foráneos quitan los escasos puestos de trabajo a los locales, lo que ha provocado también un fuerte sentimiento xenófobo para luego recogerlo en términos de voto.

En ese sentido, es interesante cómo el electorado conservador de las zonas industriales de Birminghan o Manchester se haya volcado con el antieuropeísta y ultraconservador UKIP, o que uno de los mayores caladeros de votos del Partido del Progreso Noruego o de los Auténticos Finlandeses sean personas en paro que han visto que ni los partidos social-democráticas-laboristas ni los conservadores-democristianos han conseguido remontar la economía.

También es interesante observar la desconfianza que se ha producido hacia las instituciones y a las prácticas europeas. En el fondo, el discurso euroescéptico nace de la agenda pública ciudadana debido a las políticas impulsadas por los líderes comunitarios, pero también en cómo se han llevado a cabo. Los sucesivos –e infructuosos- rescates a Grecia, los diversos mensajes lanzados en el caso chipriota (en torno a los fondos bancarios menores de 100.000 euros que dañaban a los pequeños ahorradores), la escasa voz de la Unión en cuestiones internacionales clave… realmente han generado ciertos debates en torno a la figura y la necesidad de la propia Unión Europea, que ha sido aprovechado por los partidos de ultra-derecha para poder atacar su figura.

Lo más interesante es observar los cambios internos sufridos en estos partidos para poder recibir a la clase obrera, pero también a jóvenes y mujeres, dentro de su electorado aquellos que no serían propios en origen. En primer lugar, está claro que  la aceptación de la democracia como fórmula de participación política ha conllevado parte de su legitimación social; y con ello, ciertos elementos de reforma como puede ser el abandono del tono militar-autoritarista o el uso de herramientas de marketing político. Por otro lado, como consecuencia del primero,  indudable parece que el discurso ha tenido que modernizarse para poder socorrer las nuevas problemáticas ciudadanas. Estos cambios suponen en esencia la democratización de sus antiguas exigencias, de modo que todo aquello que era ilegal, antidemocrático o meramente contrario a los derechos humanos, se presenta ahora fuera de su ideario (o simplemente no se menciona) o modernizado para hacerlo acorde a las nuevas órdenes democráticas. Todo esto lo que ha conllevado no es más que una mejor presentación de su discurso de modo que tengan apariencia de legitimidad dentro de los sistemas constitucionales y dentro del respeto de los Derechos Humanos. Y en ese sentido, han conseguido responder a las necesidades ciudadanas –en cierta medida, desesperadas con  los partidos “tradicionales”- con sus propios cauces ideológicos.

¿Aumento de representación política en Europa?

Entonces, si esto es así, sólo falta observar en qué medida conseguirán posicionarse dentro del Parlamento Europeo, y si tal y como se ha especulado, este aumento mediático por ellos supondrá también un mayor representación social y política, especialmente en la cámara comunitaria. Pero en todo caso sí que observan ciertos elementos fuera de los datos puramente numéricos.

En primer lugar, todo parece que las elecciones europeas pueden ser una herramienta muy valiosa para llamar la atención a los partidos de gobierno ejerciendo un voto de castigo, especialmente de aquellos electores incapaces de sancionar a su partido en una consulta nacional. Si bien el caso español es muy característico ya que todo parece que todo indicar que se penalizará tanto al partido del gobierno como a la oposición, parece que esta tendencia se podría extender a países como Francia, Italia y sobre todo, dentro de la Europa del Este en Hungría o Bulgaría, donde votantes centristas pueden dar un voto a la ultra-derecha como toque de atención a sus dos principales partidos. Esto no es raro, sino que engloba en esta propensión de desconfianza ciudadana hacia los partidos tradicionales.

Como ya hemos avanzado antes, la crisis económica está favoreciendo este aumento de la ultraderecha, y no sólo en la Europa de la Unión, sino también en otros países anejos. No podemos olvidar los casos de Suiza y Noruega. En el primero, el Partido Popular Suizo ostenta casi un 30% de los votos en los sondeos y ha conseguido colar varias proposiciones constitucionales de índole ideológica de corte claramente xenófobo. También es peculiar el Partido del Progreso Noruego, donde militaba Anders Breivik, que tras dos años tras la matanza de Utoya, su coste electoral fue casi nulo, e incluso ahora, es partido de gobierno.

No es extraño por tanto, sabiendo el éxito cosechado por el discurso ultra-derechista, que sea utilizado como herramienta electoral por partidos conservadores que ven que muchos votantes de su derecha está siendo cautivados por partidos de esta índole, pero también por la izquierda, que también ve que los votantes del centro se han dejado cautivar por el pragmatismo de la ultraderecha. No es raro encontrar casos y más bastante conocidos: la expulsión de inmigrantes por parte del Ministro francés de Interior, Manuel Valls; o el discurso antieuropeo de los tories británicos.

En el siguiente gráfico, se ha realizado una reconstrucción de la previsión de escaños que podrían seguir los partidos de ultraderecha en cada país. En cada recuadro, y junto al nombre del país, se encuentra el actual número de escaños de estos partidos tras las elecciones europeas de 2009. Junto al nombre del partido, la previsión de escaños que pueden tener tras los comicios de mayo de 2014, a través de los sondeos recientes que se han ido publicado a lo largo de las últimas semanas, y en aquellos casos donde no se han hecho todavía, con los resultados de los últimos comicios (todos posteriores a mayo de 2009).

Previsión de escaños del futuro parlamento europeo por paísEs especial llamativo el aumento en el número de escaños en todos los países donde se representan, especialmente en el centro y el norte de Europa:

  • En Francia (con varias circunscripciones) siendo primero en las encuestas de septiembre de 2013, puede aumentar su representación en más de doce escaños, desde los tres actuales a cerca de la veintena. La cifra real dependerá de lo ajustado entre la intención de voto del Frente Nacional, frente a los socialistas y a la conservadora UMP, y sobre todo, si consiguen aguantar como primeros durante toda la campaña electoral. Lo mismo sucede con la UKIP británica, donde pueden mejorar sensiblemente su índice de voto en la circunscripción de Gran Bretaña y mantenerse en Irlanda del Norte.  En Austria, pueden duplicar sus escaños tras el aumento en los sondeos.
  • También hay Estados donde mejora el índice de voto, pero es complicado subir es escaños debido a la pequeña asignación de asientos en el Parlamento Europeo asignados por los Tratados: Finlandia, Holanda, Dinamarca o Hungría.
  • Sólo hay dos Estados donde la ultraderecha se retrae: en Bélgica, pero sobre todo en Italia, donde la Liga Norte de Umberto Bossi podría perder la mitad de sus escaños debido a motivos de política interna.

De este modo, es bastante reseñable el aumento de votos y de escaños que puede tener la ultraderecha en el nuevo Parlamento Europea. Europa de las Libertades y la Democracia, grupo parlamentario que agrupa a la mayoría de partidos de ultra-derecha y euroescépticos (pero sin agruparlos en un partidos supranacional como puede ser el Partido Socialista Europeo –PES- o el Partido Popular Europeo), puede hasta duplicar escaños en una horquilla de 50 a 62 eurodiputados en el mejor de los casos.  De esta manera, podemos observar la mejora de este grupo debido sobre todo al aumento significativo de los representantes franceses del Frente Nacional.

Conclusiones

Como hemos querido plasmar, el auge de la ultraderecha no podría haberse hecho efectivo en otro momento histórico, es hija de una coyuntura realmente especial que ha propiciado un nuevo momento álgido. Una crisis económica y financiera muy larga –y realmente dura-, donde miles de puestos de trabajo se han perdido, y donde se han dado políticas desde el poder escasas y tardías, ha conseguido que la confianza de los ciudadanos hacia las respuestas tradicionales y hacia Europa haya caído en picado, lo cual ha sido aprovechado por partidos de este tipo.

Era impensable en otro momento histórico que mujeres, jóvenes y clase obrera y trabajadora iba a decantarse por la ultraderecha. Pero lo que han conseguido es fruto de un pragmatismo por encima de la ideología, esto es, han seducido a los votantes de centro (mayoritarios en un sistema electoral) hacia ellos presentándose como neutrales y libres de carga ideológica, propuestas que entroncan con sus necesidades, aunque sean de corte ilegal, xenófoba o antisocial.

Habrá que ver qué sucede cuando la crisis económica acabe. Si han conseguido cuajar en el tejido social y aguantar como partido de gran representación, o si se reducirán a algo meramente anecdótico. De ello dependen, en cierta medida, la salud de nuestras democracias.

Bibliografía

  • Hermet, G. (2008). El populismo como concepto. En G. Hermet, Populismo, democracia y buena gobernanza (págs. 9-31). Barcelona: El viejo topo.
  • Humanes, M.L. y Ortega, F (2000): La transformación de la esfera pública. En M.L. Humanes y F. Ortega, Algo más que periodistas. Barcelona. Ariel Sociología.
  • Mazzolenni, G. (2003). The Media and the Growth of Neo-populism in comtemporary democracies. En G. Mazzolenni, J. Stewart, & B. Horsfeild, The media and Neo-Populism (págs. 1-20). Westport: Praeger Publishers.
  • Manin, B. (2006): Metamorfosis del Gobierno Representativo. En B. Manin, Los principios del gobierno representativo. Madrid. Alianza.
  • http://internacional.elpais.com/internacional/2013/10/09/actualidad/1381319247_520890.html

 

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